El viernes 9 de Mayo próximo pasado, se llevó a cabo en nuestra localidad, la procesión organizada por la iglesia local, celebrando un nuevo aniversario del sudor milagroso, hecho que aconteciera en la vieja Santa Fe en el año 1636.
La misma estuvo presidida por el Padre Eduardo Ríos (sacerdote de la Iglesia "Natividad de la Virgen") y sus monaguillos, quienes estuvieron acompañados por un centenar de fieles, en su mayoría de la localidad. Partiendo con la imagen desde el parque arqueológico "Ruinas de Santa Fe la Vieja", los feligreses culminaron su marcha en el templo local celebrando una misa en honor a "Nuestra Señora de los Milagros".
|
Contando con la presencia de las guías del parque, autoridades eclesiásticas y público en general; la ceremonia comenzó aproximadamente a las 16 horas, frente a las barrancas del que antes fuera Río Quiloazas, hoy San Javier, lugar donde se ubicaba el Templo de la Compañía de Jesús. Luego de una breve reseña histórica por parte de la guía María Rosa Derrier, la gente comenzó a marchar hacia la iglesia, entonando cánticos religiosos, rezos y oraciones. |
|
|
Al llegar al santuario, la imagen fue recibida en un marco muy emotivo de fe y devoción. Ya en el interior del mismo, con la presencia del Presidente Comunal Marcelo Dupráz y una nutrida concurrencia; tuvo lugar la misa que se extendió hasta las 18 hs.
El milagro se produjo en Santa Fe la Vieja, el 9 de mayo de 1636. Allí, mientras el Padre Pedro de Helgueta (rector del colegio que funcionaba junto al templo) oraba arrodillado frente al altar donde se ubicaba el lienzo con la imagen de la virgen, pudo comprobar como aproximadamente desde la cintura de la imagen, brotaban gotas de agua -a modo de sudor- que se unían formando hilos, los que descendían serpenteando por la superficie de la pintura y finalmente goteaban mojando la mesa del altar.
Luego de dar aviso a las autoridades, y presentándose el cura Hernando Arias de Mansilla (vicario y juez eclesiástico de Santa Fe) entre otros; el Padre Helgueta y otras personas le acercaron algodones al vicario, quien por el término de una hora los empapaba sobre el lienzo mojado. Esos algodones se repartieron entre los numerosos fieles presentes, quienes los solicitaban para atesorarlos como reliquias.
El hecho fue confirmado, documentado y rubricado por las autoridades de la vieja ciudad, y en diciembre del mismo año las máximas autoridades de la diócesis de Buenos Aires, de la que dependía Santa Fe en la época, reconocerán el suceso como un auténtico "milagro" ya que, según los requisitos establecidos por la Iglesia Católica, se contaba con suficientes testimonios probatorios del extraordinario hecho, como las actas labradas, la calidad y cantidad de los testigos y las reliquias conservadas por la gente.
|
|
 |
| El milagro del 9 de mayo instituyó un símbolo para los devotos de la Virgen santafesina. Después de ocurrido, una sucesión de curaciones de enfermos graves -algunos de ellos con dolencias irreversibles- renovó la fe. Muchos fieles encomendados a ella se han sanado, incluso por el sólo contacto con alguno de los algodones embebidos en su sudor. De tal manera, aquel milagro inaugural constituye hoy un símbolo de la salvación final de todos los hombres y se constituirá así en el único acontecimiento de la historia religiosa santafesina en recibir tal calificación por parte de la Iglesia.
|
El cuadro de la "Limpia Concepción", fue pintado entre 1634 y 1635 por el Jesuita francés Luis Berger, quien había llegado al sitio viejo en el año 1633. |
|
|
|